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NARCOTRAFICO-FRAUDE FISCAL-BLANQUEO DE CAPITALES-CRIMEN ORGANIZADO-CONTRABANDO

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viernes, 6 de abril de 2012

MALAGA EN EL EPICENTRO DEL CONTRABANDO

Es una de las leyes no escritas de la economía. En épocas de crisis, se reaviva la picaresca y resurge el contrabando. En todas sus formas. Y Málaga ocupa un lugar destacado en el mercado global del estraperlo. Su cercanía a la costa gaditana la convierte en paso casi obligado de las cajetillas que entran por Gibraltar, o de las botellas de licor que salen hacia otros puntos de España y Europa.
En los últimos meses, las Fuerzas de Seguridad del Estado han cuajado en la provincia importantes operaciones contra el tabaco o el alcohol que confirman la posición estratégica de la Costa del Sol en el mapa de la importación paralela. En febrero, la Policía Local de Málaga desató la 'operación Resaca', en la que se han intervenido más de 40.000 botellas con irregularidades en el lote, el envase o el etiquetado; la Policía Nacional recogió el testigo y detuvo a ocho personas por su presunta implicación en la trama.
Por su parte, el Servicio de Vigilancia Aduanera de la AEAT y la Guardia Civil han intervenido en Málaga cerca de 600.000 cajetillas de tabaco desde enero. Por las cifras que maneja el sector estanquero a escala nacional, solo en el primer trimestre se han quintuplicado los decomisos de todo el año 2011, lo que demuestra la presión policial que se está ejerciendo sobre el contrabando.
El presidente de la Asociación de Estanqueros de Málaga, Mario Espejo, ve en estas actuaciones un «soplo de aire fresco» que alivia la situación crítica que arrastra el gremio desde el 3 de diciembre de 2010, cuando el Gobierno decidió subir el impuesto del tabaco y encareció su precio, que en tres años ha subido un euro de media. «El contrabando se ha disparado desde entonces», explica el representante de los vendedores locales. «Hasta ese momento -prosigue- suponía el 0,5% de las cajetillas que se vendían, pero a partir de esa fecha se ha situado en el 8%».
Málaga, Cádiz y Sevilla están muy lejos de ese porcentaje. La Unión de Asociaciones de Estanqueros de España, organización que representa a los vendedores de todo el país, sitúa a estas tres provincias andaluzas muy por encima de la media nacional y cifra el contrabando en más de un 20%, lo que significa que uno de cada cinco paquetes que se venden en ellas no paga impuestos.
Fábricas clandestinas
El sector se enfrenta a dos fenómenos diferentes y, lo que es peor, ambos están en plena efervescencia. El primero, ya conocido, es el tradicional tabaco de contrabando que se cuela en España y que tiene en Gibraltar su puerta de entrada. La segunda amenaza, más difícil de combatir, es la entrada masiva de cajetillas falsificadas. Se trata de cigarrillos fabricados en países asiáticos (principalmente China y Tailandia) que circulan sin control sanitario.
Como sucede con el de contrabando, el tabaco adulterado empezó a detectarse por primera vez en Cádiz, Sevilla y Málaga. Las primeras incautaciones datan de 2009 y el escenario, en el caso de la capital, fue la Feria de Agosto. Aquel año, la Policía Local llevó a cabo cerca de cuarenta intervenciones y decomisó más de 700 cajetillas.
Del menudeo de cartones camuflados entre el equipaje de los pasajeros de los 'ferry' entre Marruecos y la Península se ha pasado a envíos masivos en grandes contenedores que llegan a España por mar. Dos operaciones policiales han confirmado esta tendencia. El pasado 27 de enero, el Servicio de Vigilancia Aduanera de la AEAT y la Guardia Civil localizaron 362.800 cajetillas en el interior de un almacén en Mijas.
El tabaco, que no llevaba precinto fiscal y no había pasado controles sanitarios, entró por el puerto de Valencia y procedía de Vietnam. En el registro del barco, habían declarado que el contenedor transportaba maceteros de cerámica. Efectivamente, los contrabandistas habían colocado cajas con estos artículos en la primera fila. En la parte posterior estaba el alijo, que habría alcanzado un valor próximo al millón y medio de euros en el mercado.
Hace un par de semanas se llevó a cabo otra incautación similar, en este caso en una nave situada en la localidad Colmenar. Las cajetillas, unas 200.000, habían entrado por el puerto de Málaga en un contenedor que, según el registro, llevaba mantelerías. Venían de la India.
«Podemos hablar de auténticas mafias», dice el representante de los estanqueros malagueños. Para él, el fenómeno de las falsificaciones es «casi peor» que el del contrabando, ya que, además de la defraudación de impuestos, afecta a la salud pública y supone una «estafa» al consumidor, que paga por una cajetilla adulterada creyendo que es auténtica. «No sabemos lo que contienen, ya que están hechas en fábricas clandestinas y no pasan controles. Puede ser muy peligroso para la salud», sentencia Espejo. No en vano, la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) ya ha alertado del riesgo para la salud del tabaco chino y lo ha comparado con el aceite de colza, cuya adulteración provocó hace treinta años más de 350 muertes y el envenenamiento de 20.000 personas.
Con este panorama, la competencia para los estanqueros es brutal. Un paquete de Chesterfield, por ejemplo, cuesta 3,95 euros en una expendeduría. El de contrabando sale por algo más de dos euros -«cuesta un tercio menos de media», afirma Espejo- mientras que el falsificado ronda este mismo precio, «o incluso es un poco más caro, ya que se vende como auténtico».
La situación adquiere tintes dramáticos en algunas zonas concretas, como la comarca gaditana de La Línea, donde el contrabando representa un 55% de la venta total de tabaco. En consecuencia, seis de los nueve estancos de la zona han clausurado sus establecimientos, y los otros tres han presentado solicitudes de cierre temporal.
Aunque en Málaga no se ha llegado a este extremo, el representante de los vendedores locales asegura que los estancos de la parte occidental se están viendo muy afectados por el auge de las falsificaciones, y sus titulares han empezado a trasladar a la asociación su inquietud por el futuro de sus negocios.
Si las mafias del tabaco operan desde la clandestinidad, el mercado del alcohol no es tan opaco, sino que se aprovecha del vacío legal. Es lo que se conoce como «importación paralela», que no tiene otra finalidad que evadir impuestos para aumentar beneficios. Lo explica la responsable de asuntos técnicos de la Federación Española de Bebidas Espirituosas (FEBE), Elena Martín: «Los 'paralelistas' -como se conoce a los que trafican con alcohol- compran en el mercado global. Adquieren grandes partidas directamente a las casas matrices destinadas, por ejemplo, a los mercados ruso, chino o indio. La realidad es que, una vez que llegan a Europa, se mueven libremente y acaban en cualquier país del continente».
Vías de entrada
Pero, ¿por dónde entran? Los principales puertos en los que desembarca el alcohol paralelo son el de Rotterdam (Holanda), que es el más importante de Europa, y el de Marsella, que está considerado el tercero del continente. Al tratarse de alcohol lícito (no está adulterado), las respectivas aduanas se limitan a cobrar los millonarios aranceles que deja su importación. «La UE tiene lo que se conoce como 'reglamento contra la piratería', que no entra a valorar las importaciones paralelas. España ha sido impulsora en su modificación, ya que entendemos que esta práctica vulnera la propiedad intelectual y se hace un daño enorme a las marcas», señalan desde la FEBE.
Para que no exista rastro de la procedencia del producto, los 'paralelistas' borran el número de lote de las botellas o cambian el envase. «Eso supone un problema grave, ya que no puedes seguir su trazabilidad y, por tanto, no lo puedes controlar», aclara Martín. El asunto no es baladí. En caso de una intoxicación por ingesta de una bebida, sería imposible localizar el resto de la partida contaminada para retirarla del mercado.
Al no entrar por puertos españoles, es muy difícil atajar las importaciones masivas, de modo que lo único que se puede hacer es perseguir su comercialización en el territorio nacional. «Es un problema que tenemos desde hace tiempo, aunque es cierto que, en épocas de crisis, la gente se busca las vueltas. Y operaciones como la de Málaga -'Resaca'- nos permiten enterarnos y actuar», apunta Martín. Pero no todas son actuaciones policiales. Cada vez que una marca detecta botellas modificadas, lo comunica a la FEBE -representa a 120 empresas productoras y distribuidoras- y esta lo pone en conocimiento de las autoridades. En 2011, la federación interpuso más de veinte denuncias y en lo que va de año ya llevan seis. Hasta la modificación reglamento, se lamentan, es el único camino para combatir este negocio.

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