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NARCOTRAFICO-FRAUDE FISCAL-BLANQUEO DE CAPITALES-CRIMEN ORGANIZADO-CONTRABANDO

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domingo, 3 de marzo de 2013

COMIENZA EL JUICIO POR EL ALIJO DE 3.500 KILOS DE COCAINA DEL "SAN MIGUEL" INTERCEPTADO POR EL SVA


El miércoles empieza en la Audiencia Nacional el juicio contra la banda de narcotraficantes supuestamente liderada por los arousanos José Constante Piñeiro Búa, "Costiñas", y Óscar Manuel Rial Iglesias, "El Pastelero". El fiscal pide para ambos 14 años de prisión, al considerarles los máximos responsables de los 3.500 kilos de cocaína que fueron interceptados en 2008 a bordo del pesquero "San Miguel". El juez Eloy Velasco, ha destacado en su auto de procesamiento que el grupo "poseía un grado de infraestructura profesionalísimo y altamente programado".
En mayo de 2008 salieron del puerto de Venezuela una lancha rápida llamada Delfín y un viejo pesquero, de nombre San Miguel. El capitán de éste último no era el de siempre y contrató personalmente a la tripulación, a la que explicó que no salían a pescar, sino a colaborar en un transporte de droga. A cambio, les anunció que recibirán "una buena paga".
Así relata el Ministerio Fiscal y el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco los prolegómenos de uno de los mayores transportes de cocaína de los últimos años entre Sudamérica y España. Una operación que culminó en la madrugada del 1 de junio con el apresamiento del San Miguel, la detención de docena y media de personas y la incautación de 3.500 kilos de cocaína, valorados en unos 110 millones de euros.
El alijo empezó a fraguarse unos meses antes. Según el fiscal y el juez Velasco la droga iba dirigida a José Constante Piñeiro Búa, Costiñas, un cambadés que se había bregado con el histórico Sito Miñanco y que tenía hilo directo con los señores de la droga de Colombia y Venezuela, un misterioso grupo sin identificar al que algunos de los procesados aludieron como La oficina. Al parecer, Costiñas y los narcos americanos habían pactado la introducción de entre 15 y 20 toneladas de cocaína en Europa durante 2008, y el del San Miguel era uno de los alijos contratados.
El escrito de acusación sostiene que poco antes de mayo, José Luis Fernández Tubío, un boirense que ya había estado en la cárcel por narcotráfico, viajó a Venezuela para cerrar todos los flecos. Mientras, en Galicia se preparaban los mimbres de una operación que convertiría en millonarios a sus principales artífices, entre los que según el fiscal se encontraban Costiñas, el vilagarciano Óscar Manuel Rial Iglesias, El Pastelero; o el cambadés José Andrés Bóveda Ozores, también conocido como Charly o Sandokán.
Inicialmente, el plan consistía en que la lancha Delfín recogería en alta mar el alijo de droga, que previamente habría sido arrojado desde un avión. Posteriormente repostaría el gasoil proporcionado por el San Miguel y se aproximaría a unas 1.500 millas de España. Allí se haría cargo de la droga una planeadora en la que irían el italiano Marco Fabrizi, el isleño Francisco Cañón García y Fernández Tubío. Estos llevarían a bordo 8.000 litros de gasoil para que la Delfín y el San Miguel pudiesen regresar a Venezuela y desembarcarían la droga en algún punto de las rías de Vigo o Arousa.
Allí la recogerían unas 40 personas contratadas por El Pastelero, y la ocultarían rápidamente en almacenes, naves o domicilios de la organización, desde donde se distribuiría posteriormente hasta su llegada al mercado.
Pero las cosas empezaron a torcerse pronto. A la Delfín se le estropearon los motores y los presuntos narcos la hundieron tras pasar la droga al San Miguel. Allí la tuvieron un tiempo en la nevera, pero posteriormente la repartieron por cubierta. La situación no era buena; el barco solo estaba pensado para ocho tripulantes, pero llevaba una docena a bordo, y por encima los 144 fardos de coca ocupaban tanto espacio que los hombres apenas podían moverse. Sin embargo, confiaban en que pronto llegasen los gallegos.
El fiscal sostiene que los tres lancheros salieron de una nave situada en las inmediaciones del puente de Rande, en Vigo. Pero también a ellos se le averiaron los motores, por lo que tuvieron que hundir la embarcación y se unieron a la ya hacinada tripulación del San Miguel. Se avisó a tierra de lo que sucedía, y según el escrito de acusación salió hacia allí Juan Carlos García Cañón, hermano de uno de los lancheros.
Pero para entonces los presuntos narcos ya estaban en el ojo de Aduanas. El barco había sido localizado unos días antes por un avión y, posteriormente, por el Petrel. El abordaje se produjo minutos antes de las cinco de la mañana del 1 de junio de 2008. Cayeron los pescadores, los tripulantes de la Delfín, los lancheros arousanos y, poco después, Juan Carlos García Cañón.
El de Boiro declara
Unos meses después Tubío decidió contar lo que sabía. Tenía antecedentes penales, y quizás temiendo exponerse a una condena ejemplar optó por colaborar con la justicia. El fiscal apunta en su escrito que su declaración ha sido fundamental, pues desvela el quién es quién de la operación, al tiempo que proporcionó el nombre de los supuestos líderes, Costiñas y El Pastelero, que hasta entonces eran desconocidos.
Según el fiscal Costiñas estaba en lo más alto de la jerarquía. Experto en comunicaciones, incluso había sobornado a varios agentes de Aduanas de Vilagarcía y A Coruña. El Pastelero era otra pieza importante del rompecabezas, al igual que Charly, que se encargaría del aprovisionamiento de las lanchas neumáticas. El vilanovés Francisco Padín Fernández, Fran el Pardillo, se encargaría de montar los motores y de contratar a los marinos; y Juan Carlos Cañón colaboraba con la información que le facilitaban sus infiltrados en el Servicio de Vigilancia Aduanera. En cuanto a los lancheros cobrarían 40.000 euros por su viaje.
Según el juez instructor, Eloy Velasco, la banda "poseía un grado de infraestructura profesionalísimo y altamente programado". Porque, tal y como plantea el fiscal, no solo tenían una flota de embarcaciones y un buen número de escondrijos donde ocultar la cocaína, sino también un grupo amplio de personas dispuestas a trabajar para ellos, y sofisticados materiales para la comunicación, como teléfonos vía satélite o transmisores decamétricos. Asimismo, y como es habitual en este tipo de operaciones, el grupo manejaría una serie de códigos cifrados para las comunicaciones por radio entre tierra y el San Miguel.
Así, por ejemplo, la palabra "Rey" designaría a Tubío, como la persona que tenía que recoger la droga en alta mar, mientras que "Mónica" hacía referencia a los venezolanos. Incluso había claves para los días de la semana, de modo que el miércoles sería "Barcelona" y el jueves "Maracay".
 http://www.farodevigo.es/portada-arousa/2013/03/03/rey-monica/767282.html