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lunes, 18 de junio de 2012

HEMEROTECA: "EL HACHIS ENTRA POR LEVANTE"

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ARTICULO PUBLICADO EN 2003



En las montañas de Marruecos aguardan 3.000 toneladas de hachís listas para ser enviadas a Europa. Con el Estrecho vigilado por satélite, las mafias prefieren desembarcar su mercancía en Murcia y Alicante. La Guardia Civil poco puede hacer frente a las zodiacs de cuatro motores que cruzan en tres horas el Mediterráneo.




En los últimos días se han llamado mucho para invitarse a cenar y hoy están callados. Antes de que anochezca empezarán a moverse las barquitas. Hoy nos toca cacería».

Faltan unas horas para que el agente de Vigilancia Aduanera participe en un dispositivo conjunto con la Guardia Civil. Desde 2001, pero sobre todo en este último año, ha participado en numerosas operaciones parecidas.

Las suficientes para saber que cuando sus teléfonos callan es porque ellos, los narcos, ya saben dónde, cuándo y cómo desembarcar la mercancía. Las suficientes para saber que las noches de luna nueva y con mar en calma, como ésta, varias zodiacs cargadas con toneladas de hachís se lanzan desde las playas del cabo de Tres Forcas, junto a Melilla, hacia la Península. ¿A Cádiz, a Málaga? Bueno, él está destinado 501 kilómetros más arriba, en la provincia de Murcia.

Y es que las rutas del tráfico de chocolate desde Marruecos a España -y desde España al resto de Europa- están cambiando en los últimos tres años. Andalucía sigue siendo la región a la que más resina de hachís llega -en torno al 90% del total en 2002-, pero el blindaje del Estrecho contra las pateras está desplazando a los narcotraficantes hacia Levante.

«Antes cogías 200 kilos de hachís y era portada, la leche», comenta otro veterano funcionario de Aduanas de Murcia que, como el anterior, pide que se preserve su anonimato. «Ahora decomisamos 2.000 y hasta nosotros mismos, que sabemos el esfuerzo realizado, dejamos de darle importancia». El año pasado, sólo en la región de Murcia se interceptaron 14.000 kilos de hachís; en los 11 primeros meses de 2003 ya iban 26 toneladas, y se da por hecho que para el 31 de diciembre se habrá duplicado la cantidad del año anterior.

Playas como El Salaro y la Azohía en Mazarrón, el Portús en Cartagena, Puntas de Calnegre y la de muy apropiado nombre cala Alijo en Aguilas son lugares de frecuente desembarco de hachís o en los que Aduanas y Guardia Civil han conseguido dar algún zarpazo.Hace sólo unos meses, dos zodiacs se empotraron contra las jaulas piscícolas de Aguilas tras una persecución. El incidente se saldó con 11 detenidos y 4.000 kilos de droga decomisados.

Al mismo tiempo que cambian las rutas está cambiando la composición de las bandas que introducen la goma. Los traficantes marroquíes están copando todos los puestos de las redes mafiosas mientras los españoles van quedando relegados a funciones de contacto, contravigilancia y transporte de la sustancia por carretera en camiones o en furgonetas. «Los marroquíes están quitando de en medio a todos los intermediarios europeos. Ellos lo cultivan y directamente lo venden a los grandes narcos centroeuropeos», asegura un experto en Aduanas de los más reputados en España.

En Murcia han encontrado todo lo que necesitaban. La población marroquí lleva muchos años asentada y es lo suficientemente numerosa -24.000 en situación legal y otra gran cantidad de sin papeles- como para que los delincuentes puedan pasar desapercibidos. Los investigadores andan detrás de negocios hortofrutícolas y de otro tipo que, sospechan, sirven de discreta tapadera para almacenar la droga y dar empleo a los porteadores mientras esperan para trabajar en el siguiente alijo.

Que todos sean marroquíes favorece, además, la omertá gracias a una mezcla de chantaje y honor. Muchos deben a los narcos su pasaje a España.
Por lo general, en las lanchas que transportan los fardos de hachís viajan de tres a seis personas. Uno es el hombre de confianza de la organización.

Otro, un experto en el manejo de la embarcación.Hasta no hace mucho solía ser un europeo, pero ahora los marroquíes han aprendido a usar el GPS, el sistema de orientación por satélite, y suelen ser ellos mismos los pilotos.

El resto de la tripulación son sin papeles costeándose un viaje a la Península en una embarcación más segura que una patera. Mano de obra barata y agradecida.Si hasta hace poco los braceros utilizados para descargar el hachís de las embarcaciones y cargarlos en camiones cobraban de 3.000 a 30.000 euros, hoy se ha pasado a abonarles unos 1.500.

«Todo depende de la envergadura de la operación y del grado de participación de cada bracero. Dos días antes de que vaya a ser el alijo, los concentran en una casa y no salen hasta que son transportados a la playa», explica uno de los agentes de Aduanas.«Algunos están encargados de vigilar los movimientos de la Guardia Civil y los nuestros. No es fácil coger un alijo importante, y menos cazar sus barquitas».

Es un diminutivo equívoco, ciertamente. Las barquitas a las que se refiere son potentes zodiacs de la marca Crompton, semirrígidas, negras de entre 12 y 15 metros de longitud y habitualmente equipadas con tres motores Yamaha V6 de 250 centímetros cúbicos que les permiten plantarse en las costas murcianas, levantinas y hasta en el Delta del Ebro en poco más de tres horas. Su precio está entre 90.000 y 120.000 euros.

Atrás quedaron las Variant, zodiacs de 7 a 9 metros de eslora.Con las Crompton se pueden trasladar en cada viaje entre 2.000 y 5.000 kilos de droga, aunque en los últimos meses desde el avión de Vigilancia Aduanera han logrado fotografiar monstruos de 18 metros y hasta cinco motores, capaces de llevar hasta 7.000 kilos en fardos de chocolate.

Ahora, además, suelen venir de dos en dos, de manera que, para viajar a más velocidad, una carga la droga y otra el combustible.Cuando viaja una sola, colocan el combustible en la proa. El hachís va en el medio y los pasajeros se colocan detrás, junto a los motores.

Las lanchas navegan hasta llegar a unas cinco millas de la costa.Cuando un vehículo llega por tierra al punto convenido, la embarcación se acerca, descargan y huyen.

«Cada vez están mejor equipados, y por mar es imposible cogerles».Los guardias civiles de la comandancia de Murcia y la Guardia Civil del Mar conocen la historia tan bien como sus colegas de Aduanas. «Cargadas hasta los topes pueden ir a 45 nudos [más de 80 kilómetros por hora] sin forzar mucho. Sin los fardos, fácilmente pueden coger los 60 nudos (110 kilómetros por hora).Sólo nos da tiempo a verles pasar». A la espera de recibir nuevas embarcaciones, que no llegarán hasta el año próximo, sus patrulleras no logran ir ni a la mitad de velocidad a máximo rendimiento.

«PECES DE CHOCOLATE»

Vigilancia Aduanera sí que tiene embarcaciones potentes capaces de hacer sombra a las planeadoras de los narcotraficantes. Pero siempre se prefiere coger el alijo en tierra. Es más fácil. Y, como confiesa uno de los principales responsables de la lucha contra el tráfico de droga en Murcia, «en cuanto [los ocupantes] se ven en peligro lanzan todos los fardos al mar».

Cada vez que hay una de estas persecuciones se produce una llegada escalonada de paquetes de hachís a las playas y los barcos arrastreros del Mediterráneo se encuentran peces de chocolate de 31 kilos.

Ocurre cada vez con más frecuencia en Levante. La implantación del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) está complicando mucho las cosas a los narcos en Andalucía.

Este sistema por satélite de radares y cámaras de visión nocturna -145 millones de euros-, que se empezó a implantar en la costa gaditana en 2002, permite la detección a 10 kilómetros de embarcaciones de hasta medio metro cuadrado. A finales de este año, ya funcionará en Málaga. Pero a las costas murcianas y alicantinas no llegará hasta 2005 como muy pronto.

Es lo que explica el creciente número de incautaciones en Murcia y la Comunidad Valenciana. Hasta 10 toneladas en los últimos dos meses sólo en Murcia, una cifra que permite especular en círculos policiales con que a los traficantes «les estén empezando a dejar de salir las cuentas».

Las redes de tráfico de hachís, sin embargo, siempre asumen que parte de la mercancía nunca llegará a su destino. Además, las cosechas de cannabis de los dos últimos años en el Rif, la zona montañosa verde del norte de Marruecos famosa por su laberinto de caminos, son enormes. Los almacenes de los narcos están llenos.

A dos cosechas por año (abril y octubre) y sin grandes incidencias meteorológicas que puedan echarlas a perder, la producción se ha disparado. Sólo hace una semana que el Gobierno de Marruecos y la Agencia de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen reconocían que en el país se habían prodcucido en 2003 47.000 toneladas de cannabis -3.080 toneladas de hachís una vez transformado-, un cultivo del que viven casi 100.000 familias. Y a esa producción hay que darle salida.

«Antes las planeadoras nunca llegaban cuando había mala mar.Ahora les da igual y son capaces de hacer dos viajes en un mismo día. Este verano continuaban subiendo de día, arriesgándose a ser vistos por la gente que estaba en la playa. Lo habitual es que en julio paren hasta la siguiente cosecha, pero tienen demasiado material y el mercado demanda más», asegura un investigador de Aduanas.

Porque efectivamente, cada vez se consume más hachís en Europa y en España. Según los estudios del Plan Nacional Sobre Droga, el cannabis es el estupefaciente más consumido en España: un 36,9 % de jóvenes lo ha probado alguna vez y un 22% la consume habitualmente frente al 28,2% que declaraba haberla probado en 2000.

En total, se estima que el hachís marroquí mueve en Europa unos 12.000 millones de dólares al año.

El 65% de ese hachís entra por España y viaja sin barreras aduaneras por territorio Schengen en camiones como el de Santiago M. S., quien estuvo realizando portes internacionales hasta no hace mucho. «Dependiendo de la cantidad de droga que se acepte llevar, el destino y la habilidad del camionero para negociar, por un porte pueden pagar desde 30.000 euros para arriba. Se dice que en algún caso se ha regalado un camión por sus servicios. Se paga bien».

Es prácticamente la única huella española que va quedando en el tráfico de cannabis marroquí. La infraestructura que precisan los narcos es relativamente sencilla. El punto de producción está cerca de las costas marroquíes y la mercancía se baja hasta las playas en burros. Con las planeadoras de tres, cuatro y hasta cinco motores, apenas se tardan tres horas en traer el hachís hasta Levante. Y una vez aquí, no hace falta mucho más que un vehículo -puede ser una furgoneta- para transportar la droga desde donde es alijada a un lugar de almacenaje: un viejo cortijo, un zulo, una nave industrial...

UN JUEGO DE ESTRATEGIA

Lo que sí se necesita es gente. Siempre que una zódiac alija en la costa, al menos una docena de personas espera para cargar la droga desde la playa hasta una furgoneta. La operación dura entre tres y seis minutos, y no siempre es llevada a cabo por inmigrantes ilegales. «En los últimos alijos se ha detenido a marroquíes que ya tenían su situación en regla en España», apunta el vicepresidente de la Asociación de Trabajadores e Inmigrantes Marroquíes en España (Atime) y máximo responsable de la organización en Murcia, Mohamed M'rabet.

Además de los braceros, los transportistas y los demás puestos intermedios en la organización que permanecen ocultos, los narcos cuentan con una importante red de información. Cada vez que van a hacer una operación, realizan seguimientos y en el caso de sospechar de que Aduanas y Guardia Civil tienen montado un dispositivo especial de lucha contra el tráfico de droga, abortan la operación o buscan otra zona para descargar la droga.
«Es un juego de estrategia. La información, la paciencia y la inteligencia son claves», apunta un guardia civil.

Habitualmente utilizan para recoger la droga en la costas furgonetas robadas o bien alquiladas que usan como si fuesen todoterrenos.Alfombras voladoras, incluso. «Hemos visto, y esto está registrado, cómo una furgoneta se quedaba atascada en un paso hacia la playa y han llegado todos los porteadores que acababan de cargar los fardos y la han levantado en el aire durante varios metros para sacarla del atasco».




MEJOR QUE LOS AGUACATES

Cuanto más se fuma más se cultiva. El crecimiento del consumo de resina de cannabis experimentado en Europa en las tres últimas décadas ha resultado en un aumento de la superficie dedicada al cultivo de cannabis. Según un estudio de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (ONUDC) en colaboración con las autoridades marroquíes, alrededor del 27% de la superficie cultivable de la zona del Rif, en el norte del país, se dedica al cannabis. El informe habla del problema sanitario y social, pero también del problema ambiental al que se enfrentan las autoridades marroquíes.
«El cannabis explota el suelo, contribuye a la deforestación y aumenta la aridez del territorio, lo que a su vez influye negativamente en el sistema hidrológico y el clima de la región», aseguraba hace un par de semanas el director general de la Agencia para la Promoción y el Desarrollo del Norte de Marruecos, Driss Benhima.Los cultivadores de cannabis están utilizando mucho fertilizante y están arruinando los suelos. Además, los bosques del Rif están siendo talados año tras año para aumentar el número de hectáreas destinadas al cultivo de cannabis. La paulatina proliferación del cultivo de marihuana a pequeña escala entre los fumadores de cannabis europeos para garantizarse su propio consumo -favorecida por el hecho de que la alteración genética de las semillas permite obtener variedades con más alta concentración de THC, el principio activo responsable de los efectos relajantes de la planta- está afectando al precio de la resina de hachís marroquí, pero no a la cantidad producida, que este año ha superado las 3.000 toneladas.Lo que significa que se cosecharon casi 47.000 toneladas de planta de cannabis.

El auge del cannabis está desplazando a otros productos y ese monocultivo, aseguran los expertos, es igualmente nocivo para el ecosistema. Este verano la Unión Europea tuvo que suspender un programa para favorecer el cultivo de aguacates y otros productos alternativos en el Rif. Más de 96.000 explotaciones agrícolas -las dos terceras partes de granjas de la región- produjeron cannabis en 2003, un año en el que 800.000 marroquíes vivieron de ello. 


EL MUNDO