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miércoles, 3 de agosto de 2011

LOS NARCOS MEXICANOS SE AFIANZAN EN ESPAÑA


Un decomiso de cocaína en España. Foto: AP
Un decomiso de cocaína en España.
Foto: AP

La presencia de los cárteles de la droga colombianos y mexicanos en España se conoce desde hace por lo menos dos décadas, y pese a los esfuerzos por combatirla aún tiene vigencia en el caso de las organizaciones delictivas mexicanas. Así lo confirman investigaciones recientes de las autoridades españolas que han llevado a la captura de narcos mexicanos y a la desarticulación de sus redes operativas.

MADRID (Proceso).- Registrada desde los años ochenta, la presencia de narcotraficantes mexicanos en España ha sido cada vez más relevante en la operación de grupos centro y sudamericanos asociados a organizaciones delictivas españolas.
Desde que en esa década comenzó a traficarse cocaína de América a Europa, actividad en la que tomó parte el capo Miguel Ángel Félix Gallardo, hasta la reciente desarticulación de una organización delictiva internacional, los nombres de los mexicanos no han dejado de aparecer en las investigaciones realizadas por la justicia española.
El caso más reciente es el de Héctor Murillo Rivera, July o El Cojo, cuyo seguimiento fue clave en la Operación Guadaña, iniciada en agosto de 2009 y mediante la cual la policía española acabó con un grupo de narcotraficantes iberoamericanos.
La operación se conoció en septiembre de 2010, pero nuevas evidencias de la investigación, a las que este semanario tuvo acceso, revelan que el seguimiento policial de Murillo Rivera fue crucial en la primera fase de las pesquisas.
July o El Cojo fue mantenido bajo vigilancia desde el 2 de marzo de ese año, cuando llegó al aeropuerto de Barajas, en Madrid, procedente de México. La información indica que era quien daba el “visto bueno a la infraestructura empresarial, personal y material facilitada por Nicolás Rivera Gámez, El Viejo”, cabecilla de la trama de los cárteles mexicanos y colombianos en el trasiego de droga a Europa.
La policía describe a July o El Cojo como “moreno, de unos 40-45 años, de 1.75 metros, el cual cojea ostensiblemente de la pierna izquierda”. Su llegada a España “propició el aumento de contactos entre los investigados”.
Mediante monitoreos realizados en Barcelona la policía descubrió que Murillo Rivera se reunió en tres ocasiones con José Mestre, director de la terminal de carga de Barcelona. Semanas después este personaje fue galardonado por el entonces presidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla, como el mejor empresario nacional del sector de logística en sistemas portuarios en el Mediterráneo y a nivel mundial.
El 22 de junio de 2010, la policía detuvo al empresario catalán al ser descubiertos 202 kilos de coca en un contenedor que transportaba chatarra desde Panamá. La policía nunca dijo si el mexicano Murillo Rivera había sido capturado aquí o en México.
Como parte de la Operación Guadaña, el 3 de septiembre de 2010, la policía detuvo en Madrid a El Viejo. Este mexicano de 50 años disfrutaba de un impresionante nivel de vida, tenía cinco mansiones en España y disponía de una flotilla de autos exclusivos (Proceso 1800).
El narcotraficante era la cabeza de un complejo entramado de tráfico de cocaína transportada en contenedores procedentes de Argentina, en el que estaban implicadas células de colombianos, españoles y un grupo de transportistas gallegos.

Puerta gallega

La presencia de narcotraficantes mexicanos en España fue documentada desde hace 20 años en la causa 13/90 radicada en el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional española, y que fue la base de la Operación Nécora encabezada por el juez Baltasar Garzón.
Una nueva revisión de ese expediente, abierto por los delitos de narcotráfico y blanqueo de capitales, muestra cómo durante los ochenta el hondureño Juan Ramón Matta Ballesteros se apoyó en la experiencia de los viejos clanes gallegos del tráfico de tabaco rubio americano y whisky. La destreza de éstos en las actividades del mar y su control de la costa permitió que los narcos sudamericanos introdujeran grandes cargamentos de cocaína al mercado europeo.
Matta Ballesteros se convirtió en un eslabón central en el boom del tráfico de cocaína de América a Europa, cuyo epicentro fueron las bravas Rías Bajas, en la región de Galicia. Gracias a él, los cárteles colombianos y su socio mexicano Miguel Ángel Félix Gallardo, El Padrino, pudieron expandirse en el nuevo mercado europeo.
La Operación Nécora fue la más contundente acción policial y judicial contra las organizaciones gallegas. Entre los capos capturados destacaban Manuel Charlín Gama, patriarca del clan los Charlines; Laureano Oubiña; José Ramón Prado Bugallo, conocido como Sito Miñanco; Marcial Dorado; José Manuel Padín Gestoso, alias Manolo el Catalán, y José Paz Carballo, entre otros.
Para cuando el juez Garzón inició este megaoperativo, la madrugada del 12 de julio de 1990, Matta Ballesteros y Félix Gallardo ya habían caído presos. Después de huir de México, el narcotraficante hondureño fue secuestrado la mañana del 5 de abril de 1988 cuando entraba a su casa en Tegucigalpa, luego de hacer deporte (Proceso 841).
Lo pusieron en un vuelo especial hacia Estados Unidos, donde un tribunal lo condenó a cadena perpetua por el tráfico de cocaína y por su supuesta participación en el secuestro y asesinato del agente de la agencia estadunidense antidrogas (DEA), Enrique Kiki Camarena y del piloto mexicano Alfredo Zavala.
Ambos descubrieron en Chihuahua el rancho El Búfalo, propiedad de Rafael Caro Quintero, que servía como sembradío y centro de acopio de miles de toneladas de mariguana. Fueron secuestrados el 7 de febrero de 1985, en Guadalajara, Jalisco.
A Félix Gallardo lo capturaron en Guadalajara el 8 de abril de 1989, acusado de tráfico de drogas y, al igual que a Matta Ballesteros, por el asesinato de Camarena y de Zavala. En 1990, un juez en México lo condenó a 40 años de prisión. A la fecha, los dos capos siguen presos: el hondureño en una cárcel de Illinois, Estados Unidos, y el mexicano en el penal de máxima seguridad de El Altiplano, en Almoloya de Juárez.
En su libro Desperados, la periodista Elaine Shannon señala: “La DEA había descubierto a Félix Gallardo desde 1975, cuando se asoció con Juan Ramón Matta Ballesteros, el químico de la cocaína, que había sido la conexión sudamericana de Alberto Sicilia Falcón… Félix Gallardo controlaba un imperio multinacional que se extendía desde los Andes hasta los estados sureños de Estados Unidos. Controlaba uno o dos bancos, comandaba su propia fuerza aérea y su propia red radiofónica, estaba construyendo sus propias refinerías de cocaína y estaba extendiendo su red de distribución hasta Europa. En 1982, la DEA organizó la operación Padrino contra Félix Gallardo. Eventualmente, los analistas de inteligencia de la DEA concluyeron que Félix Gallardo no era sólo el mayor traficante de cocaína en México, sino uno de los más grandes en el hemisferio occidental, tan poderoso como los colombianos. Embarcaba entre tonelada y media y dos toneladas de cocaína al mes”.
Pese a que Matta Ballesteros y Félix Gallardo no fueron enjuiciados en España, la Operación Nécora puso al descubierto sus relaciones en España, al más alto nivel dentro del crimen organizado.

Confesiones

Durante la integración del expediente de la causa 13/90, el juez Garzón obtuvo la confesión de Ricardo Portabales, un “narcotraficante arrepentido” que le dio información acerca de cargamentos de cocaína que llegaron a Galicia procedentes de Colombia.
Este narcotraficante de segundo nivel decidió colaborar al temer por su vida después de que le propinaron una golpiza en la prisión. En sus declaraciones a Garzón señaló que en octubre de 1980, cuando trabajaba para el empresario Celso Barreiro, participó en una reunión presidida por Matta Ballesteros, “el traficante internacional de cocaína”.
Según el informante, ese encuentro tuvo lugar en el estado fronterizo de Puerto Limón, en Costa Rica, donde le entregaron al hondureño una “cartera con dinero”. En el juicio, Barreiro negó esas afirmaciones e incluso dijo que no conocía a Portabales.
El “arrepentido” aseguró que cuando regresó a Galicia comenzó a buscar gente para entrar al negocio de la cocaína, y que en 1981 empezó a colaborar en el clan de José Manuel Padín Gestoso, con el que participó en varios traslados de 450 kilos de coca, cada uno.
Agregó que en una de esas ocasiones sus jefes se reunieron en Puerto Armuelles, en Punta Burica, Panamá, con Juan Ramón Matta Ballesteros, con el que cerraron el trato. Precisó que para el traslado de la droga se contrataron los barcos Promasa I y Promasa II, propiedad de Barreiro.
De acuerdo con la información de que disponía Garzón, Portabales también trabajó para el narcotraficante José Paz Carballo.
El informante aseguró que fue testigo de una reunión efectuada en Cascáis, Portugal, entre los jefes de los clanes gallegos y Fabio Ochoa Vázquez, influyente miembro del cártel de Medellín, detenido años después en Colombia y extraditado a Estados Unidos por su responsabilidad en el tráfico de toneladas de cocaína.
Precisó que en ese cónclave realizado entre el 23 y el 26 de enero de 1989 participaron los narcos gallegos Laureano Oubiña, José Manuel Padín, Manuel López Burgallo, Manuel Charlín Pomares, Vicente Otero, José Paz, Albino Paz y otros. En ese encuentro, abundó, se discutieron los precios de la droga, así como los sistemas para su envío y los mecanismos de inversión de las ganancias en España.
La inclusión del nombre de Pablo Escobar en el sumario 13/90, se debe a que el jefe del cartel de Medellín fungía como jefe de Fabio Ochoa; sin embargo, el narco arrepentido no incluye este nombre en sus declaraciones.
El “arrepentido” –hoy residente en Uruguay– refirió al juez que en el verano de 1988 viajó una vez más a Panamá, hasta la provincia de Chiriquí, donde participó en una reunión que encabezó Miguel Ángel Félix Gallardo; en este encuentro, aseguró Portabales, el mexicano les vendió a los gallegos 300 kilos de cocaína.

La operación

La madrugada del 12 de junio de 1990, el juez Garzón encabezó la gran operación policial. Una fuerza de más de 300 agentes, con el apoyo de helicópteros, llegó a Villagarcía, en Pontevedra, y otras poblaciones como Cambados y Vila Arousa para iniciar la mayor redada de narcotraficantes.
En el libro Baltasar Garzón. La fuerza de la razón, el juez dice que el operativo se efectuó con el mayor hermetismo posible, al grado que a los policías en Madrid se les indicó que irían a Andalucía. Fue hasta el último momento, indica, que a los jefes de las unidades se les entregaron los sobres con los objetivos precisos.
Algunos capos fueron sorprendidos mientras dormían y los sacaron de la cama aún en piyama, porque no pudieron operar los mecanismos que les advertían de las acciones en su contra.
En la primera fase cayeron Laureano Oubiña, José Manuel Paz Carballo, José Manuel Padín Gestoso y Manuel Charlín Pomares. En Madrid fueron detenidos el empresario Celso Barreiros y un personaje del jet set español, Carlos Goyanes, quien fue esposo de la cantante y actriz Marisol.
Oubiña y su esposa Esther Lago, por ejemplo, fueron capturados en la emblemática propiedad del capo, el Pazo de Baión (Proceso 1810).
En otra acción fue asegurada una caravana de autos en la que estaban ocultos 500 kilos de cocaína. Esto permitió la captura de los miembros del cartel de Bogotá, entre ellos Antonio Cebollero Campos, Alberto Varas y Alfredo Cordero, además de Manuel Charlín Gama, patriarca del clan los Charlines, responsable de un cargamento de dos toneladas de cocaína.
En el libro referido, Garzón califica la operación como “pionera y emblemática”, pese a las recurrentes críticas surgidas de analistas y medios de comunicación, por no haber asegurado droga en la primera etapa.
Garzón explica que siempre se advirtió que en la Operación Nécora “no se había ido a buscar esas sustancias, sino a acumular evidencias contra los máximos responsables de los clanes del narcotráfico gallego”, lo que ayudó para que esos grupos quedaran “delimitados”.
La ofensiva continuó y tiempo después cayeron narcos que habían evadido a la justicia en la primera etapa, como Javier Martínez San Millán o Manuel Abal Feijóo. Un caso distinto fue el de Sito Miñanco, quien estaba en el sumario de Nécora, pero logró evadir a la justicia durante seis meses al huir a Panamá; sin embargo, posteriormente fue capturado en España.

A salto de Matta

El primer contacto de Matta Ballesteros en España fue con el gallego Sito Miñanco, enjuiciado por tráfico de tabaco americano. Se conocieron en prisión, en los años ochenta, pero en una fecha no precisa, señala un periodista gallego consultado para este reportaje.
“Ese fue el primer contacto, cuando se disponen a iniciar el tráfico de cocaína a Galicia desde Sudamérica”, dice.
De acuerdo con documentos del tercer sumario que se siguió contra el hondureño en Los Ángeles, citados por el periódico El País, el 4 de diciembre de 1990, Matta Ballesteros residió en Madrid de 1979 a 1985. No obstante, Proceso obtuvo información en Vigo, en el sentido de que durante ese periodo también residió temporalmente en La Coruña, Galicia.
Desde España, el narco hondureño organizó por teléfono numerosos envíos de cocaína a California; asimismo, movió millones de dólares en el país ibérico y realizó inversiones, cita el periódico.
La policía española descubrió que Matta Ballesteros –quien usaba el alias de Jairo Ríos Vallejo– había residido en Madrid desde 1979, cuando su esposa Nancy Marlén Vázquez Martínez compró una villa en la urbanización Las Lomas, cercana a Boadilla del Monte. El capo jugaba golf en La Moraleja. Se le documentaron sociedades con el hotelero asturiano Celso Luis Fernández Espina y con el empresario gallego Jesús Louzao Pardo; con este último tenía una agencia de BMW en La Coruña.
Entre el 9 de marzo y el 25 de abril de 1984, Matta realizó al menos 20 llamadas telefónicas desde España para hablar “de su negocio de narcóticos”. Según consta en los registros de la policía española, algunos telefonemas los hizo a Medellín para conseguir el estupefaciente y otros a miembros de su organización para la distribución de la droga en Nueva York o California.
El expediente judicial también incluye el registro de “viajes que Matta Ballesteros hizo desde Madrid a Guadalajara, México, para despachar asuntos relativos al trasiego de drogas con su socio mexicano Miguel Ángel Félix Gallardo”, dice El País.
En el sumario del juicio que se le siguió a Matta Ballesteros en Estados Unidos se indica que durante varios años este capo y su socio mexicano Félix Gallardo transportaron cargamentos de cocaína desde Colombia hasta Estados Unidos, a través de México.
La droga era cargada en Guadalajara, México, a bordo de avionetas de la organización, que aterrizaban en una pista clandestina de Young, en Arizona, donde la recogía un estadunidense llamado John Drummond.
En marzo de 1985, la revista Newsweek acusó a Jorge Miguel Aldana Ibarra, director de la Interpol-México, de haber protegido al narcotraficante hondureño cuando ya era perseguido por la muerte de Camarena, y de haber retrasado 36 horas su detención, mientras permanecía en un hotel de la Ciudad de México (Proceso 692).

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