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NARCOTRAFICO-FRAUDE FISCAL-BLANQUEO DE CAPITALES-CRIMEN ORGANIZADO-CONTRABANDO

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Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales de la Agencia Tributaria

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miércoles, 23 de octubre de 2013

UNOS PESCADORES HALLAN UNA TONELADA DE COCAÍNA EN VALENCIA

Los narcotraficantes colombianos que introducen cocaína a gran escala en la Comunidad Valenciana llevan meses intentando abrir nuevas vías de entrada distintas a los contenedores de mercancías ante la creciente presión policial sobre el puerto de Valencia, con constantes aprehensiones de cargamentos que comportan pérdidas millonarias para los productores del codiciado polvo blanco.
El mejor ejemplo para refrendar esa hipótesis, que manejan tanto el Ministerio del Interior como el de Hacienda a partir de los informes de la Policía Nacional, la Guardia Civil y Vigilancia Aduanera, es el hallazgo de más de mil kilos de cocaína en la madrugada del pasado sábado en la playa del Perellonet, que debió desprenderse del punto donde había sido sumergida y balizada por los narcos antes de recuperarla.
Hasta ahora, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y el Servicio de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria centraban buena parte de sus esfuerzos en interceptar los grandes cargamentos de cocaína llegados en contenedores. De hecho, ocultar esos grandes cargamentos en contenedores y canalizarlos hacia el puerto de Valencia como vía de entrada a toda Europa se convirtió a finales de los 90 y durante la década pasada en el método alternativo para sortear la presión policial sobre Galicia, cuyas costas habían sido durante años la puerta de acceso al mercado europeo. Los traficantes hacían llegar la droga a las costas gallegas en barcos nodriza. Después, o bien se acercaban lanchas que trasvasaban la carga y la llevaban a tierra, o bien sumergían los fardos de cocaína, atados entre sí, lastrados y dotados con balizas –un pequeño GPS– para que fuera recuperada días después gracias a las coordenadas geográficas. Los más de mil kilos de cocaína recuperados en El Perellonet estaban empaquetados exactamente de ese modo: 30 bolsones atados entre sí con cuerdas, amarradas a bidones vacíos que debían actuar de boya una vez los recuperadores cortasen el cable con el lastre, dos aparatos GPS con su localización y dos pequeñas boyas amarillas que las situaban en superficie. El alijo debió soltarse de su lastre y fue arrastrado hasta la orillla.
Diarioinformacion