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NARCOTRAFICO-FRAUDE FISCAL-BLANQUEO DE CAPITALES-CRIMEN ORGANIZADO-CONTRABANDO

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miércoles, 12 de septiembre de 2012

ALGECIRAS, OBJETIVO DE LOS GRANDES CÁRTELES DEL NARCOTRÁFICO

Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, conocido como el Chapo Guzmán, nació en 1957 en el estado mexicano de Sinaloa, en un entorno próximo a la pobreza.
Desde niño, tuvo que vender frutas y verduras para poder sobrevivir al hambre. Muy joven, entraría en contacto con un médico de su agrícola municipio que lideraba el negocio del narcotráfico en el Estado y que fue el pionero en la exportación de marihuana.
El Chapo Guzmán comenzó a sembrar por su cuenta, y en poco tiempo se convirtió en un hombre fuerte del negocio. Fue creciendo hasta que, una década después, entró en contacto con Félix Gallardo, conocido como El Padrino, el capo del narcotráfico mexicano de la época.
Aquí, comenzó a dedicarse al transporte de grandes cantidades de cocaína a Estados Unidos, hasta que acabaría traicionando a El Padrino, y formando su propio negocio, el cartel de Sinaloa, convertido desde entonces en el más duro y activo de México.
El Chapo Guzmán fue ampliando su red criminal, y entabló contacto con China, India y Thailandia, donde diversificó su actuación a las metaanfetaminas, lo que le valió el calificativo de Rey del Cristal.
La actividad del cartel de Sinaloa sigue siendo muy intensa, extendiendo sus redes por todo el mundo, y buscado como uno de los más activos y peligrosos por su especial violencia y volumen de negocio.
Algeciras
Cuando hace más de un lustro, el presidente de la coordinadora comarcal antidroga Alternativas, Francisco Mena, alertaba de la galleguización del Estrecho y de su uso como nueva ruta por el narcotráfico sudamericano, nadie pensaba que este fenómeno iba a adquirir las cotas actuales.
A principios del pasado mes de agosto, en una operación pionera en colaboración con el FBI, la Policía Nacional detenía a cuatro miembros del cartel de Sinaloa, entre ellos el primo del Chapo Guzmán, en su intento de instalar su acción en España a través del puerto de Algeciras.
La nueva ruta, consistente en trasladar droga en contenedores hasta países africanos, y desde allí a Europa a través del puerto de Algeciras, había seducido al famoso narco.
En octubre de 2010, los agentes del FBI y de la Brigada Central de Crimen Organizado de la Policía Nacional mantuvieron las primeras reuniones operativas al tener conocimiento de que la organización tenía intención de establecerse en España para expandir su actividad criminal en Europa, utilizando para ello la puerta de entrada del puerto de Algeciras.
El grueso de las investigaciones se desarrolló fundamentalmente en los Estados Unidos. Los agentes americanos averiguaron que los miembros del cártel habían planificado viajar a España, viaje que realizaron en marzo de 2011. Los policías españoles les detectaron en esas fechas en Madrid y les vigilaron estrechamente hasta lograr su plena identificación.
Gracias al intercambio de informaciones con el FBI se supo que los investigados tenían la intención de iniciar importantes envíos de cocaína por vía marítima, oculta en contenedores con carga legal declarada hacia el puerto de Algeciras.
Adoptaban grandes medidas de seguridad para asegurar el éxito de las operaciones, y enviaron varios contenedores sin ningún tipo de estupefaciente. Finalmente remitieron su primer cargamento en un barco procedente de Brasil. El contenedor, que fue interceptado a finales de julio en el puerto de Algeciras, ocultaba 373 kilos de cocaína.
Las investigaciones efectuadas permitieron identificar a un primer miembro del cártel, Jesús Gonzalo Palazuelos Soto, que se desplazó a Madrid para hacerse cargo del cargamento de la cocaína desde su remisión hasta su posterior distribución.
Días después llegaron a Madrid Jesús Gutiérrez Guzmán (también conocido por Manolo) considerado como líder del grupo que quería establecerse en España; Samuel Zazueta Valenzuela, uno de sus principales colaboradores; y Rafael Humberto Celaya Valenzuela, que viene a representar de alguna forma los asuntos “legales” de la organización.
Ante las numerosas medidas de seguridad que adoptaban, los especialistas de la Policía Nacional establecieron un amplio operativo encaminado a su detención. Uno de los investigados fue abordado por los agentes cuando se dirigía a su hotel, en el Paseo de la Castellana. De forma paralela se arrestó a los otros tres narcos en las inmediaciones de un lujoso establecimiento hotelero del centro de Madrid.
Tendencia
La utilización del puerto de Algeciras por el poderoso cártel mexicano no es una casualidad. Las coordinadoras antidroga llevan años advirtiendo de que, ante la mayor presión en otros puntos, el Estrecho se ha convertido en una ruta cada vez más consolidada.
“Está claro que la droga la están moviendo cárteles colombianos, bolivianos o mexicanos, porque se están moviendo cantidades muy importantes. Esto no es el negocio del hachís. Aquí se necesita una estructura mucho más grande”, explica Francisco Mena.
Además, los métodos que se vienen detectando en los últimos años en el dique algecireño, no ofrecen ninguna duda acerca de la inmunidad con la que vienen actuando, en muchas ocasiones, estas organizaciones.
“Con el sistema del gancho perdido, no aparecen luego quiénes son los propietarios de la droga. Y es el sistema más utilizado. Al final, no sabes quién ha utilizado la droga, ni de dónde procede y a dónde va dirigida”, señala Mena.
El caso del cártel de Sinaloa no es una excepción. En enero de 2011, una operación antidroga desarrollada en Rumanía volvió a poner de relieve el paso cada vez más frecuente de cargamentos de cocaína por el puerto de Algeciras procedentes de Ecuador.
En este caso, sin embargo, saltaron todas las alarmas. Dos rumanos acusados de ser miembros de una amplia red de tráfico de cocaína a través de Algeciras estaban coordinada por los jefes del cártel de Medellín, en Colombia.
“La cabeza de esta red de crimen organizado se encuentra en Colombia y está constituida por los líderes del cártel de la droga de Medellín, los hermanos Miguel y Víctor Mejía Munera (llamados Los Mellizos)”, explicaron entonces desde la fiscalía rumana especializada en la lucha contra el crimen organizado (DIICOT).
Esta información establecía una conexión entre la entrada de droga en Algeciras y una de las organizaciones más duras del mundo en su actividad delictiva: el cártel de Medellín.
Este cártel comenzó a operar en 1976, con el tratamiento de la base de cocaína procedente de Perú. Su cabeza visible fue Pablo Escobar, quien se asoció con un grupo de pequeños narcotraficantes, lo que le dio a su actividad una poderosa dimensión empresarial, que utilizaba habitualmente avionetas y aeropuertos privados para transportar la droga.
La revista Forbes calculó la fortuna de Pablo Escobar en 1993 en 8.000 millones de dólares, quien llegó incluso a ingresar en el panorama político colombiano. Tras su expulsión de la misma, inició una guerra terrorista contra el Gobierno de Colombia. Fue abatido a tiros en 1993.
Sin embargo, el cártel de Medellín prosiguió su actividad tras la muerte de Escobar. Los hermanos Mejía, apodados Los Mellizos, fueron diversificando el mercado. Una de sus nuevas vías se situó en Algeciras, donde aprovecharon la nueva ruta de la droga establecida en el Estrecho para operar, utilizando para ello a una red rumana de narcotráfico.
Charlines
El traslado de rutas tradicionales de la cocaína al Estrecho se escenificó también años atrás a nivel nacional. El clan gallego de Los Charlines, dedicado tradicionalmente a la introducción de cocaína a través de las Rias Baixas había empezado a utilizar el Estrecho de Gibraltar como nueva ruta.
En junio de 2000, el Servicio de Vigilancia Aduanera daba un golpe a ese nuevo frente que había planteado el clan gallego, al intervenir en Algeciras una cisterna que oficialmente contenía aceite de pescado y que en un habitáculo especial ocultaba más de una tonelada de hachís.
El camión, procedente de Marruecos, se dirigía a Vigo. El 22 de junio eran detenidos en su vivienda de Vilanova de Arousa José Benito Charlín Gama, su mujer y su yerno. Las investigaciones habían comenzado meses antes en el Juzgado de Vilagarcía y se sospechaba que no era el primer viaje que los miembros del clan realizaba al Campo de Gibraltar para transportar hachís.
Incautación de armas
La dimensión que ha alcanzado en los últimos años el puerto de Algeciras como puerta de entrada de Europa lo ha convertido en un preocupante foco de entrada de droga en contenedores. Sin embargo, no parece ser la única mercancía que utiliza esta ruta.
El Servicio de Vigilancia Aduanera y la Guardia Civil han intervenido en el puerto de Algeciras 22.272 pistolas de contrabando que viajaban, ocultas en un contenedor que declaraba transportar textiles, desde Turquía a la república de Djibouti, en África oriental.
Las armas, que en el mercado hubieran alcanzado un valor superior a los dos millones de euros, fueron aprehendidas el pasado 28 de agosto, en lo que se considera la mayor incautación de armamento en la Aduana española en los últimos años, según la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria. En la operación no ha habido detenidos, aunque las investigaciones continúan tanto en España como en los países de procedencia y de destino del contenedor, que transportaba, además de las pistolas, 13.500 cargadores. Las pistolas detonadoras incautadas, de los calibres ocho y nueve, eran armas reales que habían sido modificadas para no ser utilizadas, aunque “son reversibles” y a su vez podían ser modificadas para ser utilizadas, según explicó ayer Nuria Carraceda, jefa de la dependencia de aduanas de la Agencia Tributaria en Algeciras.
Inusual
Sin embargo, la Guardia Civil se ha apresurado a espantar los fantasmas sobre la posibilidad de que el tráfico de armas se asiente también en la ruta del Estrecho. En este sentido, el capitán de la Guardia Civil Luis Martínez González es tajante a la hora de despejar dudas.
El cargamento intervenido es “inusual” en el puerto de Algeciras, donde en octubre de 2009 fueron incautadas seis pistolas, 24 escopetas y abundante munición y en 2007 fueron descubiertas en un contenedor que viajaba desde Israel a Nicaragua 400 pistolas, 305 escopetas, 386 carabinas y 310 armas de aire comprimido.
La intervención de las armas se produjo el pasado 28 de agosto, cuando la Unidad de Análisis de Riesgos de la Aduana de Algeciras (UAR), una unidad mixta compuesta por funcionarios de Vigilancia Aduanera y de la Guardia Civil, sospecharon de un contenedor que había llegado en barco desde Turquía al puerto de Algeciras, donde iba a hacer transbordo para su destino final, Djibouti.

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