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NARCOTRAFICO-FRAUDE FISCAL-BLANQUEO DE CAPITALES-CRIMEN ORGANIZADO-CONTRABANDO

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miércoles, 9 de febrero de 2011

HACIENDA VA A POR LOS AUDIS.

Convertidos en émulos de Mortadelo y Filemón, los agentes de Hacienda ejercerán este año de detectives para seguir la pista a los yates, audis, piscinas, mansiones y otros signos de opulencia que pudieran delatar a ciertos contribuyentes distraídos de sus obligaciones con el Fisco.

La idea es tan sencilla como teóricamente eficaz. Si un ciudadano vive de un modesto sueldo no vinculado a la política ni al contrabando y, sin embargo, navega habitualmente en barco de recreo, fuma puros de los de Fidel, reside en un chalé de 5.000 metros cuadrados y conduce un coche de muchos pistones, los agentes de Hacienda estarán autorizados a sospechar que ese hombre esconde algo en el colchón o en Suiza. Y hasta puede que acierten.

Más o menos es la misma técnica –algo rudimentaria, pero efectiva– que se usaba en tiempos del franquismo, cuando los inspectores iban por ahí olisqueando los llamados "signos externos de riqueza" del contribuyente. Aquellos que se habían entregado a los pequeños placeres de la vida, tales que un pequeño yate, una pequeña mansión o el disfrute de una pequeña fortuna, pasaban a ingresar en el catálogo de sospechosos de ocultamiento de bienes a Hacienda. Y muchos acababan por retratarse en la ventanilla de pagos, como es natural.

Por simple que pueda parecer, ese método les costó serios disgustos a los empresarios del contrabando con sede en las rías gallegas. Ebrios de dinero fácil, algunos de ellos sintieron el impulso de exhibir sus riquezas en forma de aparatosos pazos y ferraris de colores refulgentes, sin caer en la cuenta de que tales alardes acabarían por llamar la atención de los jueces y de la pasma, como así fue.Cuando la fiesta estaba en su apogeo, bajó de los cielos un helicóptero con Baltasar Garzón a bordo y se acabó la diversión. Ya que no el contrabando –que ahí sigue, tan boyante–, desaparecieron al menos las ostentaciones de los capos a quienes ahora caracteriza un estilo de vida discreto, aunque no exactamente franciscano.

Expertos en oler la pista del dinero, los técnicos de la Agencia Tributaria se disponen a aplicar a las gentes del común la táctica que tan buenos resultados dio en el caso de los contrabandistas. Ahora, como entonces, los signos externos de riqueza serán el anzuelo con el que el Fisco espera enganchar a los contribuyentes que pecan por defecto de pago; pero no es seguro que vayan a obtener el mismo éxito.

Fiar en las apariencias es, desde luego, un empeño aventurado en un pueblo tan dado a aparentar como el español. Este es, después de todo, el país en el que los hidalgos del Siglo de Oro espolvoreaban migas de pan sobre las barbas para mentir que habían comido. Y el mismo donde, más recientemente, era costumbre ampliar hipotecas para la compra de los audis y las teles de plasma que ahora nos quiere requisar con cargo a sueldos y pensiones la cruel banquera Ángela Merkel. De aquellos pufos vienen estos lodos de la crisis que amenaza con llevarnos a la insolvencia.

Ninguna culpa tiene Merkel de que los españoles –empezando por el propio Gobierno– hayan vivido por encima de sus posibilidades, entrampándose y entrampando a las dos próximas generaciones en la creencia de que el casino de la construcción no cerraría nunca sus puertas. Lo que ella quiere, simplemente, es asegurarse el cobro de la deuda: y a tal propósito no duda en obligar a Zapatero a sacarnos los untos de donde sea y cómo sea.

Así se explica que Hacienda haya sacado a sus recaudadores a la calle para que, siguiendo el hilo de los coches, los yates y las casas, lleguen al ovillo en el que están enredados los que ocultan sus posesiones al Fisco. Curiosa paradoja esta. Tras quince años aparentando que éramos ricos ante nuestros vecinos, ahora deberemos aparentar que somos pobres ante Hacienda, so pena de que nos quite el dinero que le debemos al banco. Por si sí o por si no, cuidado con los audis.

http://www.farodevigo.es/opinion/2011/02/09/hacienda-viene-audis/516795.html