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NARCOTRAFICO-FRAUDE FISCAL-BLANQUEO DE CAPITALES-CRIMEN ORGANIZADO-CONTRABANDO

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sábado, 12 de junio de 2010

EL DIA QUE LOS NARCOS GALLEGOS DEJARON DE LLAMARSE CONTRABANDISTAS.

Tal día como hoy, pero hace 20 años, la mayoría de los habitantes de la zona sur de la ría de Arousa se despertaron con el ruido de los helicópteros que desde el amanecer empezaron a sobrevolar la zona. Muchos pensaron que era otro episodio más de la lucha contra el furtivismo que por aquellos años azotaba la ría.
Eso fue lo que pensó el histórico Terito de Cambados, que se cruzó en la carretera con la caravana policial cuando se dirigía en coche a Santiago para tomar el primer vuelo de la mañana a Madrid. Fue ya en la capital del reino cuando se enteró de que había sido registrada su casa, y en el telediario de mediodía, de que él era uno de los objetivos de aquella redada dirigida personalmente sobre el terreno por Baltasar Garzón, el fiscal Javier Zaragoza y el comisario de la Unidad Central de Estupefacientes García Parras, hoy fallecido. Al final, la cosa para él no pasó de un susto por un mal entendido. Habían confundido Oterito con O Terito.
El objetivo, obviamente, no eran los furtivos, sino los contrabandistas de tabaco reconvertidos al tráfico de hachís y cocaína, en muchos casos de la mano de los capos históricos de los carteles colombianos con los que algunos de ellos habían coincidido en las cárceles madrileñas, cuando fueron detenidos en la gran redada de finales de 1983.
El detonante de aquella investigación no fue el arrepentimiento de Ricardo Portabales, aunque eso fuera lo que hizo correr más ríos de tinta sobre la histórica operación. Antes de que le llegase su testimonio, Garzón ya tenía abierta una investigación contra Laureano Oubiña y otros de los que resultarían detenidos aquel 12 de junio.
Uno de los primeros en caer fue Oubiña -uno de los pocos que siguen presos, aunque por otras causas-, a quien sorprendieron en pijama en su casa de A Laxe (Vilagarcía). Su pazo de Baión, al que aquella mañana llegaron en helicóptero para registrarlo los responsables de la investigación, se convirtió pronto en todo un símbolo del nuevo narco.

Bombas de palenque

La jornada concluyó con 16 detenciones en Arousa y dos en Madrid: Carlos Goyanes y Celso Barreiros. Los agentes policiales -más de 350- y judiciales fueron despedidos con una salva de dos docenas de bombas de palenque pasadas las siete de la tarde. Aquel día no apareció un solo gramo de droga. Ni todos los detenidos acabaron en el banquillo de los acusados, ni todos los acusados resultaron condenados, pero aquella primera fase de una operación que policialmente se conocía como Mago , y que pasó a la historia como Nécora, fue seguida de otras menos mediáticas pero con resultados más tangibles. En julio, solo un mes más tarde, cayó una autocaravana pilotada por un alemán con más de 500 kilos de cocaína, que eran parte de un alijo mayor desembarcado por Portugal, del cual ya habían sido confiscadas dos partidas en mayo de ese mismo año y que permitieron la detención de Manuel Charlín Gama y Alfredo Cordero. Estos dos capos, paradójicamente, salieron absueltos del juicio tres años después, aunque no tardaron en recaer.
En enero del año siguiente, el grupo IV de la Unidad Central de Estupefacientes, dirigido por un gallego -Manuel Rodríguez Simons-, detenía en Madrid a Sito Miñanco y a su banda. En contra de lo que se dijo entonces, Miñanco no fue un objetivo fallido de la redada de hace 20 años, aunque sí estaba en la lista de personas a detener. Veinte años después, fuentes policiales que participaron en aquella investigación aclararon a La Voz de Galicia que aquel día lo tenían perfectamente controlado, pero optaron por «darle carrete» para pillarlo «con las manos en la harina».
http://www.lavozdegalicia.es/galicia/2010/06/12/0003_8543786.htm