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NARCOTRAFICO-FRAUDE FISCAL-BLANQUEO DE CAPITALES-CRIMEN ORGANIZADO-CONTRABANDO

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lunes, 22 de marzo de 2010

EL DISCRETO CONTABLE DE LA MAFIA.

El mafioso georgiano Gocha Kopaliani nació el 8 de diciembre de 1979 en la costa del Mar Negro, en Sujumi. Su discreta vida dio un tremendo vuelco el miércoles, cuando la Ertzaintza entró en su vivienda en Getxo para detenerle, acusado de ser el contable y 'número dos' de una banda que ha extendido sus tentáculos por seis países de Europa. La operación 'Java', coordinada por el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska, sacudió el remanso de paz montado por Kopaliani, que residía de incógnito en una casona alquilada de Algorta. En una tranquila zona residencial a la que los georgianos pretendían trasladar el centro de operaciones financiero de su mafia en España.
El golpe de efecto lo proporcionó un operativo policial sin precedentes, que contó con la intervención de la Unidad contra la Droga y el Crimen Organizado, la Er-tzaintza, los Mossos d'Esquadra y la Fiscalía Anticorrupción. En Europa se arrestaron a 80 personas, 21 de ellas en España: en Cataluña, Euskadi, Valencia y Guadalajara.
El golpe fue un éxito, pero no completo. El jefe supremo de la banda, Lasha Shushanasvili, pudo escapar. Se alojaba en un hotel griego y estaba controlado, pero la falta de colaboración de la policía de aquel país echó al traste la parte más importante de la operación. Al menos, cayó el hermano del cabecilla, Kakhaber, capturado en Barcelona. Ambos comandaban el clan que se dedicaba al robo de joyerías de lujo, asaltos, extorsión, blanqueo de dinero, falsificación de tarjetas, tráfico de drogas y armas... Según la Policía, habían creado un complejo sistema de financiación de cajas comunes, semejantes a la estructura de las muñecas rusas. No les temblaba el pulso si había que partir el espinazo o matar.
En la casona algorteña de la calle Artibai contaban con la pantalla de un muro sobre el que se elevan varios árboles que sólo dejan entrever la primera planta desde la acera. Allí vivían siete personas desde hace aproximadamente un año. Kopaliani, de 30 años, era el hombre de los números, «uno de los máximos responsables de la banda a nivel europeo», según dijo el consejero vasco de Interior, Rodolfo Ares. Sobre él pesaba la tarea de blanquear el dinero, procedente de extorsiones y narcotráfico, con inversiones inmobiliarias y apertura de comercios en España.
Su discrección fue una de las claves para ganar responsabilidad en la trama. La mafia actuaba en células y cobraba una cuota a otras bandas de delincuentes de menor entidad para poder 'trabajar' en el territorio que tenían asignado. Los botines se 'limpiaban' en el país a través de vehículos de lujo, joyerías -contaban con al menos dos locales en Barcelona y Valencia-, restaurantes, empresas de paquetería y la contratación de abogados. Así lo indicó el jefe de la División de Investigación Criminal de los Mossos d'Esquadra, José Luis Trapero, quien apuntó que España no era su centro de operaciones delictivas. La banda tampoco tiene vinculación alguna con otros grupos del Este especializados en asaltar chalés en urbanizaciones de lujo. Ellos jugaban en otra liga. «Se basaban en robos a gran escala y luego blanqueaban en España el dinero».
La vida de los detenidos en el caserón de Getxo era muy normal de puertas para afuera. Vivía con su compañera sentimental, Lasha Tsagaresvili, de 32 años, natural de Kotaisi, la tercera ciudad más importante de Georgia. Junto a la ellos cayeron en Getxo Ramaz Giorgobiani y Nazi, hermana de este último y de 50 años de edad. En Algorta se veía pasear sobre todo a las mujeres y a los dos niños que también vivían en el caserón. El mayor de ellos dicen que aprendía un oficio en un centro educativo de la localidad.
Grandes desconocidos
No obstante, para los vecinos de esta calle eran más bien unos grandes desconocidos. Lo que más llamaba la atención es que llegaban de noche, en coches de lujo, y que de vez en cuando metían material o cajas en la vivienda. Una prueba es que antes residieron en el vecino municipio de Leioa y tampoco levantaron sospechas. Abandonaron esta localidad entre 2008 y 2009: «Aquí vivían en barrios distintos y no tuvieron ni un percance. Ni siquiera se les puso una multa», reconoce el alcalde, Eneko Arruebarrena.
Su actitud de vecinos ejemplares se extendió después a Getxo, donde el grupo mafioso planeaba trasladar su centro económico. «No son gente que se mueva por el pueblo, porque apenas hacían vida en la calle», comenta un vecino de Artibai. En el registro de la Ertzain-tza ni siquiera encontraron armas, aunque se incautaron de unos 50.000 euros y de gran cantidad de documentación referente a la contabilidad de la banda. Ahí es donde deberían encontrarse las claves para establecer las imputaciones de cara al juicio. De puertas para fuera sólo cometieron el error de viajar en un turismo de lujo con escopetas dentro del vehículo.
Pero la detención de estas personas ha convulsionado Getxo. Muchos son los vecinos que por primera vez han sentido curiosidad por Georgia, tras manifestar su miedo por residir junto a unos individuos pertenecientes a una compleja mafia. «Te confieso que he mirado en internet de dónde eran y que no me ha hecho gracia saber que tengo tan cerca a esta gente», confesó una vecina. Al propio alcalde local, Imanol Landa, se le torció algo el gesto antes de decir que «me molesta que salga en un titular Getxo vinculado a este tipo de personas. Debemos ser noticia por otras cosas, porque tenemos muchísimo que trasladar desde otros ámbitos».
Al parecer, Kopaliani ascendió en el escalafón de este grupo hasta estar considerado «mano derecha» de Kakhaber. La brigada de Policía Judicial de la Ertzaintza y la Udyco llevaban tres meses investigando la trama en Euskadi. Precedentes sobre estos grupos mafiosos del Este sólo había un par de ellos en España. Generalmente se trata de estructuras bien organizadas y discretas. Procedentes de 'la tierra del lobo', establecen fuertes jerarquías afianzadas con estrictos códigos de honor y apenas dejan rastro. Así ha sido en Getxo, donde los vecinos han convivido durante meses con supuestos grandes mafiosos de escala europea y ni siquiera se han enterado.

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